El spa de las lombrices

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Cuando uno está aprendiendo, tiene la impresión (o la actitud) de creer que lo está haciendo todo bien, pero en realidad puede que esté dejando la cagá, por muy hermosas que sean sus intenciones.

En este caso, mis intenciones.

Por eso cuando se me empezaron a morir mis gusanos, la expresión de incredulidad se dibujó en mi rostro inmaculado de pura inocencia. Claro porque no había comprendido aún que ellos además de alimento ilimitado necesitan algunas cosas aparentemente sin importancia.

Como oxígeno, por ejemplo.

Yo me había enceguecido con su felicidad, porque ¿como podrían existir lombrices tristes si les entrego un promedio de 140 kilos de comida a la semana? El colmo que no les baste mi generosidad. Pero no, a ellas se les ocurrió que también querían oxígeno. Y para dejármelo bien en claro, se empezaron a morir.

¿Que me dices tú?

Así que aproveché el sistema de gestión que puse en marcha para alimentarlas, porque la verdad sea dicha, es posible que haya sido demasiado peso concentrado en un solo lugar y se les compactó la villa hasta el límite de lo intolerable.

Y como ya me estaba quedando sin espacio, decidí implementar un sistema mejorado de vivienda para mis chiquillas (no se como decirles si son hermafroditas) de modo que pudieran ser verdaderamente felices y dichosas mientras se llenan la boca y hacen el amor como buenas lombrices que son.

A eso se dedican.

Entonces trasladé todo el sistema a un nuevo sector (tremenda pega) y mientras esperaban afuera, comencé a instalar un nuevo sistema de aire acondicionado con las mejores tecnologías del mercado, para que no les falte absolutamente nada. Con algo más de humildad, le di la categoría de experimento, porque claramente uno no puede llegar a hacer algo que nunca ha hecho con la actitud de pensar que se las sabe todas.

Para habilitar todo y armado con un taladro, perforé una cantidad por supuesto exagerada de hoyos en una cantidad también absurda de tubos de PVC. Yo sabía que eran demasiados hoyos y demasiados tubos, pero por alguna misteriosa razón, seguí adelante por la vida perforando todavía más y más.

Nadie fue capaz de detenerme.

Dispuse de los tubos de la manera que creí más eficiente, luego puse más tubos y luego agregué una cama de paja para que tuvieran incluso más respiración.

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Faltan algunos tubos que agruegé luego de la foto

¿Querían aire? Ahí tienen aire chiquillas!

Fui llenando por capas toda la estructura, intercalando con camas de paja para que no se apelmazara nada, y cuando llegué al tope y no entró nada más, puse la tapa. Con el resto del material compostable que tenía todavía disponible hice un montón adicional, usando otra metodología que me permitiera manejar mayores volúmenes mientras mantenía su capacidad de crecimiento y respiración con tubos intercalados desde el suelo.

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Voilá!

Ahora bien, si te interesa el tema del compostaje, hay principalmente dos métodos: El térmico y el con lombrices. La principal diferencia es que el térmico no tiene lombrices y paradójicamente no tiene lombrices, justamente porque es térmico.

Daah…

Ocurre que si dispones de la cantidad suficiente de compost y lo amontonas todo al mismo tiempo con la suficiente cantidad de oxígeno, das inicio a una reacción termonuclear conocida como Hiroshima/Nagasaki que consiste básicamente en una explosión microbiológica de proporciones desmadrísticas donde un grupo psicopático de bacterias descomponedoras se toman el control y comienzan a tragarse el carbono y el nitrógeno disponible como si en ello se les fuera la vida. Es tan intensa la reacción interna que se eleva la temperatura hasta 70 u 80°C, lo que no solo esteriliza todo el material de patógenos y calamidades de todo tipo, sino que también destruye esporas y semillas presentes en la mezcla. Es genial, una locura de la naturaleza.

Pero hay que elegir uno de los dos métodos, porque las lombrices no aguantan más de 35°C. Entonces cuando hoy fui a ver a mis chiquillas para ver como estaban, nuevamente la expresión de incredulidad se dibujó en mi rostro inmaculado de pura inocencia. El montón completo irradiaba calor.

– Cresta, cagaron mis lombrices.

Olvidándome de todo tipo de reparos, destapé la parte de arriba y me lancé en la búsqueda de sobrevivientes. Por fortuna estas locas pueden moverse bien bajo tierra y ahí me las encontré envueltas en toallas en su día de sauna en el spa. Y como ya había olvidado todo tipo de reparos, cavé un poco por la superficie. Solo unos centímetros hacia dentro, había tal calor en la tierra, que feliz me hubiera revolcado en ella si no fueran verduras podridas.

Mi lombricompost se había convertido en uno térmico.

Lo que es genial, porque eso lo enriquece y esteriliza, y además como muchas de las lombrices ya habían sobrevivido, no les costará nada volver a su característico desenfreno de comilonas y orgías sin límites.

Ahora con un sistema de aire acondicionado de lujo y como son hermafroditas, no tienen ningún reparo en fornicarse lo que se encuentren. No tardarán en armar nuevamente el desorden genealógico de su pecaminoso barrio latino.

Si a eso se dedican.

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