Ellas.

el

Acaba de terminar mi meditación de la tarde que por supuesto estuvo muy agitada y fuera de control, aunque tengo la percepción (o la esperanza) que controlar mi mente de alguna manera se hace mas fácil. No porque realmente esté ocurriendo porque no lo está, sino porque comienzo a darme cuenta que el problema soy yo (media novedad), y aunque siempre lo supe, nunca antes lo vi desde arriba, abajo, dentro… ¿quién sabe de donde se mira cuando no se mira desde un lugar?.

Soy un pensador compulsivo, lo confieso, bueno como todos. Pero personalmente siento que soy un adicto a mi imaginación. Bastan 3 pasos en la dirección de una buena idea y medio nanosegundo después, me encuentro en el mercado de Bangkok.

Ahora lo que ocurre es que se perfectamente que estoy pensando y aunque me haya dado cuenta, el pensamiento es tan atractivo como inevitable. La ventaja de saberlo está en que puedo renunciar a él sin hacerme tanto problema, en el caso poco probable que quiera renunciar a él.

Así son las adicciones.

Lo bueno es que he adquirido una capacidad diría, sobrehumana para superar la incomodidad, y lo digo en serio. Capacidades sobrehumanas tienen aquellos seres que pueden pasarse un día entero sentados con los ojos cerrados sin hacer caca.

Ahora siento que puedo elegir que no importe la incomodidad. Si quiero estar ahí, sentado en el suelo, sin moverme como un mueble, está bien, puedo, y me da lo mismo el dolor. Es como un superpoder, algo así como una herramienta que encontré, pero que en realidad tienen todos y no saben que la tienen. Cuando me molesta el dolor y no aguanto más, voy, busco esa herramienta y ya no me importa. El dolor no se va, sigue estando ahí, pero no me impide que yo siga sentado en el suelo, imaginándome a mi mismo caminando por el mercado de Bangkok.

Claro que no funciona siempre, depende mucho de la disposición mental, porque aunque la tortura de estar intentando domar la incomodidad puede ser tolerada, a veces sencillamente tolerar la tolerancia es la tortura por si misma.

Lo que me complica todavía, es vencer a la impaciencia.

Ahí sentado estoy bien, me siento -en los dos sentidos de la palabra-perfectamente incómodo mientras pasan cosas hermosas por mi cabeza.

Pero mi mente quiere hacer muchas cosas…

“Ya, está bueno, muy rico todo, muchas gracias, pero hay que escribir esta nueva revelación, componer alguna melodía, tomar mate, que rico. Si, eso, un mate. Un mate es lo que queremos, y hacer caca. Esos monjes sobrehumanos necesitaron muchos años, hay tantas cosas para hacer hoy. Caca, por ejemplo. 10 minutos basta y sobra para una meditación”

– La voz dentro de mi cabeza
Es la impaciencia lo que molesta.

Lo que mejor funciona, es el Adhittana.

– ¿La Pintana? dirás tú.

Yo tampoco sabía lo que era… te cuento: Es una actitud para la meditación cuando va en serio. Se podría traducir como el compromiso de no reaccionar ante nada. Imagino que hay gente que ha muerto en Adhittana, así de comprometidos.

Por ejemplo te pica un ojo, no puedes rascarte porque no se pueden mover las manos. Escuchas un ruido, no importa porque no puedes abrir los ojos. Viene un peo, no hay que empujarlo. Va a salir solo, si es que sale.

Algunos peos salen solos, sin ayuda.
Y en los lugares menos pensados.

No se si te ha pasado.

Lo importante con el Adhittana, es que no hay que reaccionar. Ante nada. Ni aunque el cielo se caiga a pedazos. Y con el Adhittana a mango, como dice la gente joven, mis mayores maestros son los zancudos. Son la única especie que me alegraría de verla extinta.

Las zancudas en realidad. Los zancudos, como todos los machos, se pasan la noche volando torpemente buscando comer flores.

Ellas, son astutas, muy inteligentes y están bien armadas. Son unas maestras del robo, toman lo mejor de ti, generalmente sin que te des cuenta. Son maléficas y mal intencionadas. Pueden estar agazapadas en alguna sombra cerca de ti, pero no actúan hasta tener la certeza de que estás desprevenido y eres vulnerable.

De todas maneras no son tan geniales e increíbles como podría esperarse por ser las maestras de tamaña habilidad: les falta refinar la técnica porque su vuelo aunque fino y delicado las delata porque molesta. Además, dejan huella.

Un robo bien hecho no deja evidencia.

Y la marca que dejan perturba la paz de cualquiera. Son egoístas, solo quieren aprovecharse de ti mientras no te des cuenta, y eso ocurre casi siempre después de que se lleven lo que querían, dejándote nada más que su dolor.

– Sniff.

Así y todo, dejo la ventana abierta para que entren, porque amo la infinita belleza del mundo estrellado del que provienen, aunque luego me toque lidiar con ellas.

Volviendo a la historia, en mi meditación las escuché volar alrededor de mi y supe que me tenían, pero Adhittana manda. Así que me dije:

“Bueno, si me van a picar, que me piquen”.

La primera aterrizó debajo de mi ojo derecho. Que predecible, les encanta picar ahí. Estaba preparado esperando el pinchazo cuando me aterrizó otra en la boca y luego otra en la nariz.

La raja, se mandaron el dato de la barra libre…

Voy a quedar como el Señor Cara de Papa.

Pero pasó mucho rato y no sentí ninguna picada. “Niñas, tienen luz verde, piquen no más, hay permiso“. Y durante toda la hora estuvieron calladitas ahí meditando conmigo sin molestar. Eso era algo tan inesperado que me puso en estado de shop shock. Sentí que habíamos llegado a un acuerdo de respeto mutuo, una tregua, una nueva forma de relacionarnos. Tan bonita la emoción que despertaron en mi, que siento que compartimos una experiencia juntos. Las amé.

Me dio mucha risa mental cuando casi al final de la meditación, comencé a sentir claramente el pinchazo en la sien.

Nunca antes había ofrecido voluntariamente mi sangre a una ladrona, y me sentí feliz de darla, quizá porque ya no era un robo, sino un compartir.

Tuve plena consciencia del ingreso de su ser en mi, y sentí con lujo de detalles como bombeaba mi sangre con una suavidad, incluso erótica. ¿Me estaría convirtiendo en padre de unos pequeños mosquitos?.

Con todo respeto, Señor Zancudo.

No duró mucho la faena y cuando terminó, ella tampoco voló. Después, cuando me toqué la sien, descubrí que ni siquiera había quedado roncha. Nada, que perfecto. Simbiosis total.

Imagina que te piquen las zancudas y no te produzcan nada, que magia.

“Bienvenidas chiquillas, piquen no más que sangre hay harta y está super rica porque acabo de fumar!”

Y ahora mientras escribo, tengo que andar con mucho cuidado porque cuando he sentido que pudo pararse alguna de las niñas en mi frente, debo cuidarme de no soltar irreflexivamente La Mano Letal, porque ahora podría estar matando a mis propios niños.

Bueno, en realidad todo lo que existe es – en realidad – un hijo mío.

Que es lo mismo que decir, un hijo tuyo.

Que es lo mismo que mirarte a los ojos y reírnos.

Que rico es mirarse a los ojos y reír.

¿Tienes algo para decirme?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s