Les Calanques de Marseille

Fue tan entusiasta la recomendación de visitar Les Calanques de Marseille, que tuvimos que jurar ir a visitarlas y firmar un documento con nuestra sangre. Fue todo muy raro, nos asustamos un poco, pero después nos pasaron la llave por debajo de la puerta y nos dejaron salir. Y como la palabra vale, no nos quedó mas remedio que ir, pero incluso antes de partir no teníamos idea qué eran realmente las famosas Calanques de Marsella… entonces…

¿Qué son las famosas Calanques de Marseille?

Cala de La Mounine, Les Goudes.

Las Calanques (Le Quealonc, si quieres impresionar a tus amigos con tu exquisito francés) o Calas (si no quieres pasar vergüenzas), son una gigantesca formación de roca caliza que emerge del fondo del Mediterráneo, formando una costa bastante gloriosa, porque la altura de las rocas y la acción del mar, crearon alrededor de 40 mil hectáreas de paradisiacas piscinas de agua turqueza entre riscos y acantilados prácticamente innacesibles, repartidas en un total de 20 kilómetros de costa al sur de Francia entre Marsella y Cassis.

Ubicación de la Calanque de la Mounine

Es tanta la dedicación que Los Elementos de la Tierra han puesto en su proyecto de formar esta preciosa curiosidad geológica, que cualquiera podría decir, que a pesar de llevar fabricándolas por millones de años, por lo visto no tienen ninguna intención de detenerse y seguir trabajando en ellas por varios millones de años más.

Así de motivados.

Muy bonito como suena todo, por supuesto claro está. Pero en realidad antes de llegar, uno no tiene idea que en realidad es un desierto prácticamente inhabitable, que los elementos de la naturaleza habían despojado de prácticamente toda comodidad. Un paisaje de otro mundo, cuya desolación y belleza no alcanzaba a ser imaginado ni en los sueños más extraños.

La île Maïre y una construcción sobre la cima que la contempla, desde La Mounine

Sin agua dulce, ni lagunas, ni vertientes de ningún tipo. Ni siquiera barro. Solamente la inmensidad del Mediterráneo, que aquí se conoce como la Costa Azul.

Côte d’Azur, para las lenguas selectas y doctas.

Como solo hay viento, rocas y mar, ningún ser vivo estrictamente terrestre se las puede arreglar demasiado bien. Incluso las plantas se juegan el destino intentando soportar las condiciones, apretujándose entre las grietas que durante millones de años lograron juntar un poco de tierra que les sirva para enterrar apenas la puntita de una raíz, porque no hay más. 

Te explico.

Imagina que eres la semilla de una planta, o sea necesitas tierra, pero acabas de aparecer inexplicablemente rodeada de caca de gaviota, preguntándote donde estás, ignorante que en realidad estás prácticamente condenada sin remedio a una fugaz existencia sobre la brillante frente pelada de una roca inerte que no puede ofrecerte nada que te sirva para vivir. 

La única esperanza que te queda, es implorar la suerte que pase un ratón y te coma para poder así escapar de tu destino fatal al salir en su caca ratonil en algún lugar menos desfavorable, lo que en esa extraña e inhabitablemente gigantesca roca debe ser equivalente a ganarse el Loto.

Claro que lo que no sabe nuestra amiga semilla, es que durante miles de años otras semillas como ella, han sido aquí abandonadas en otras cacas de otras numerosas aves, y que por esas curiosidades del azar fueron empujadas por el viento dentro de alguna rendija abierta de alguna roca poco interesante y quizá algo miserable, para permanecer ahí pacientemente los incontables días esperando el momento en el que alguna lluvia pasajera le de ánimos de brotar y arreglárselas lo mejor que pueda, en un lugar del que no puede esperarse prácticamente nada. 

Por supuesto que al principio de los tiempos no tuvieron ninguna posibilidad y pasaron a la historia como el breve y fugaz brote de un valeroso intento por la vida. Intento que no podía durar y que terminó por convertirse en el fino polvito en el que se convierten todas las cosas vivas cuando dejan de estarlo.

Así por milenios, dentro de una grieta a la que apenas llega el sol y el viento, naciendo y muriendo sucesivamente sin parar. Después de algunos años (millones en realidad), de todos esos valerosos intentos, algún poco de polvito se habrá conseguido juntar en aquella fisura miserable para que las futuras semillitas del mundo puedan enterrar aunque sea la puntita desesperada de alguna raíz valerosa y nutrirse de ella para alcanzar a crecer lo que se pueda antes de morir y formar un poquito mas de tierra, en aquella anónima rendija rocosa tan fundamental, que paulatínamente se ha estado convirtiendo durante milenios, en un santuario para la vida y un refugio vital.

Así por la eternidad. 

40 millones de años después está lleno de plantas por todas partes.

Y eso que es una zona de incendios constantes.

La vida es admirable

Rocher des Goudes desde el primer tramo hacia las calas en Callelongue

Los seres humanos que se aventuraron a vivir en ellas, al parecer se encuentran en un grado ubicado entre el ermitañismo más comprometido y el antisocial extremista severo, porque aparentemente los pocos que se han atrevieron a vivir en un lugar así, no tenían mas remedio que dedicarse a la pesca (no hubo caso con la huerta), los que en forma moderna por lo visto ofrecen sus platos a los turistas a modo de restaurant, donde preparan cenas marinas para los visitantes. Claro que no aceptan tarjetas, porque como no hay caminos, tampoco hay electricidad.

Las guías hablan de estos seres tan especiales, pero también lo cuentan como una leyenda urbana o un mito medieval. Nosotros no lo sabemos porque no nos topamos con ninguno. Resulta que encontrarse con alguien en alguno de sus senderos me imagino que es como una curiosidad, claro que nosotros fuimos en otoño y por lo que cuentan los que entienden, durante el verano es un hormiguero de turistas, lo que justificaría las cabañas de pesca convertidas en restaurantes. 

De todas maneras, en un lugar tan paradisíaco y de playas tan espectaculares, es extraño que no existan hoteles ni banderas de coca cola (o pepsi) por todas partes. Me imagino que influye el hecho de que sea un lugar extremo en el que no hay absolutamente nada. Eso justificaría también que tras un despliegue de inventiva y creatividad sin igual, desde hace un par de años atrás las Calanques son ahora un parque nacional, así los franceses ahora pueden cobrar entrada.

Y aunque las guías hablan de senderos, aprendí a dudar de lo que entienden los franceses acerca de lo que es un sendero. No es que no hayan senderos propiamente dichos, pero lo que si hay son muchos espacios libres de plantas por donde se puede caminar sin tener que escalar alguna roca. Pero como la región es razonablemente connotada para la escalada, algunas rutas hay por supuesto en las que puedes libremente arriesgar tu vida, o si lo prefieres, también puedes llevar mosquetones y cuerdas. 

Se me ocurre, no sé, digo yo.

Personalmente no vi ninguna ruta de esas porque el espacio en mi mochila destinado para mi arnés y mi casco, estaba ocupado por mi emparedado, merienda, refresco, bañador y toalla. Quizá otro día podría regresar con bronceador y cuerdas para sentarme en la cima de la Roche des Goudes, a sacarme fotos con boca de pato y ya que estoy en uno de los puntos más elevados de la Costa Azul, aprovechar de admirar Marsella toda entera y en la isla del frente, el Castillo de If, la cárcel del mismísimo Conde de Montecristo. 

Eso es lo que tienen las Calanques, todo el tiempo es una referencia a la historia del Conde de Montecristo.

¿Conoces la historia?
La île Maïre desde el sendero hacia Callelongue

En su juventud Edmond Dantés era una pequeña avecilla de nuestro señor, que vivía feliz sin molestar a nadie, muy contento por la vida, pero por cosas de la envidia y por supuesto por un lío relacionado con faldas, sus buenos amigos le inventaron una mentira y terminó preso en el Castillo de If donde conoció al Abate Faria que le reveló la ubicación del magnifico tesoro que tenía escondido en la Isla de Montecristo y que después de fugarse de la cárcel y un sin fin de insufribles calamidades, recupera el tesoro y se convierte en el Conde de Montecristo (no tenía mucha inventiva para los nombres), y siendo ahora megamillonario, se lanza con el demonio dentro a cobrar venganza hacia aquellos malandrines que le provocaron tantas penurias y desaires.

Cuidado que están todos pedidos.

Te acabo de resumir 1136 páginas y tienes que agradecérmelo, porque es la única película que he visto mejor que su libro.

(Libro que me torturó durante meses)

– Además la película es muy buena –

Al parecer la historia está basada en la vida del zapatero Francoise Picaud, que en París en el año 1807 era el enamorado de una niña bonita de la época, razón por la cual sus amigos lo acusaron de espía y lo metieron preso, donde tuvo un compañero de celda que le reveló la ubicación de algún misterioso tesoro que supuestamente tenía escondido en Milán, y que finalmente utilizó maléficamente para vengarse de sus calumniantes.

Personalmente no veo la relación entre las dos historias, para mi que son habladurías nada más. 

Continuando con las Calas, como nosotros estábamos en Marsella y considerando que teníamos un auto a nuestra entera disposición, decidimos partir al sur y entrar a las Calanques a través del pueblo de Les Goudes (tienes que decir “Le gud” levantando la frente y estirando toda la cara), donde se acaba el camino y comienzan las huellas que los franceses llaman senderos.

Callelongue, su única calle y al fondo la Rocher des Goudes.

Desde ahí puedes hacer una caminata a través de las rocas hacia la Cala de la Mounine, y a todas las otras si llevas suficientes emparedados, golosinas y refrescos para caminar. Recuerda que son 20 kilómetros de rocas, sin restaurantes que acepten tarjetas de crédito, y lo peor de todo, sin señal de celular para que puedas provocar la envidia de tus seguidores en tiempo real y vengarte después en el caso que durante la extensa caminata te encuentres algún multimillonario tesoro escondido.

Por supuesto que los franceses en una clara muestra de falta de respeto por el pueblo norteamericano, decidieron finalizar la carretera en Les Goudes (Recuerda, “Le Gud”) y no llevar a cabo un mega proyecto de ingeniería para construir una carretera imposible a través de las rocas. Esto impediría deliberadamente que los turistas estadounidenses puedan descender de sus gigantescas camionetas los 200 kilogramos de su grosera humanidad y con sus gordas piernas, caminar 10 metros hasta la playa, o llegar al agua sobre sus andadores eléctricos, en el caso que caminar 10 metros suponga para ellos un esfuerzo demasiado descomunal e inalcanzable.

Una temeraria falta de respeto por parte de los franceses…

Por faltas menos graves los norteamericanos han bombardeado escuelas.

En realidad nosotros conocimos cerca de 2 kilómetros del lado oeste. Nos faltaron 18 kilómetros más por conocer. Hay calas a las que puedes llegar en auto, como la de Sormiou y Morgiou, pero como las rutas son de montaña y de una sola vía, dudo que quepan en ellas las ruedas de sus camionetas grotescas.

Cala de La Mounine desde la ruta hacia Cassis.

Para las demás calas, todas inmensamente paradisíacas, no queda más que caminar o navegar. Las Calas mas idílicas y mutantes, están por el lado de Cassis. Nosotros en ese momento no lo sabíamos, porque no habíamos leído la reseña de algún viajero anterior que me contara los detalles, y como todas las fotos que utilizamos en este artículo son nuestras, para que me creas, me tomaré la libertad de publicar la foto de otro señor que visitó la Calanque d’En-Vau, ubicada a un par de horas caminando desde Cassis.

Calanque d’En-Vau por Javier Fernandez
Haga un google,
trace su camino,
y escoja usted según sus propias preferencias,
mi querido viajero itinerante.

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